lIBROS/ARTICULOS

COACHING INTEGRATIVO

NUEVA PUBLICACIÓN DE AUTOAYUDA Y BIENESTAR EMOCIONAL

«EL CORAZÓN TIENE RAZONES QUE LA RAZÓN DESCONOCE»


Tienes en tus manos un libro práctico y vivencial. Su mensaje te ayudará a emprender un viaje extraordinario a través de tu ser interior, con el fin de despertar a la maravillosa sensación de sentir y de experimentar una calidad de vida auténtica dentro de este mundo tan lleno de infinitas posibilidades. En cada página serás más consciente de que eres un ser único, lleno de energía, de fuerza y de luz. ¡Ábrete, al universo y percibe que puedes transformarte! Todo lo que necesitas es reconectar con la «esencia» de la vida y del universo y abrirte a la energía universal sanadora del amor para desarrollar y expandir la prosperidad, tanto para ti como para cuantos te rodean. Buscar en tu interior la sabiduría y la felicidad que determinados patrones mentales anclados nos impiden alcanzar un nivel de consciencia pleno.


El corazón no sólo es un órgano impulsor de sangre, también es un músculo imprescindible para nuestro ser. Un poderoso santuario, un templo de energía que bombea en nuestro interior a una elevada frecuencia vibratoria. Este manual de crecimiento personal será la hoja de ruta que nos vincule con su ancestral sabiduría. En él encontrarás las recetas necesarias para experimentar un auténtico cambio, un profundo bienestar y la ansiada paz emocional.


El camino del corazón te espera para guiarte por un proceso sin frontera conocida hacia la plenitud, el optimismo, la esperanza, la confianza y la consciencia. Conviértete en un "caminante", ábrete a la luz y transforma tu vida en una experiencia única y maravillosa.

DESPLEGAR NUESTRO PODER INTERIOR

La vida, la salud, y el bienestar en nuestras manos…


Federico de Sánchez

Rafael Cáceres


Cada vez es mayor el número de personas que están adquiriendo conciencia de la vital importancia que tiene disfrutar de una buena salud y un verdadero bienestar. Pero no es menos cierto que esa preocupación se manifiesta en muchas ocasiones de manera insuficiente o inadecuada, con excesivas concesiones a la superficialidad, a la apariencia física y estética -eso que se ha dado en llamar culto a la imagen-, en detrimento de nuestro verdadero equilibrio y ser interior.

Muchas enfermedades con significativa prevalencia actual son conocidas por sus manifestaciones sintomáticas, pero no por sus causas originales: la pelagra, el beriberi, o el escorbuto -bien conocidos históricamente- son desencadenados por déficits y carencias nutricionales,  que una vez subsanadas, remiten y se curan rápidamente; de igual manera, hoy un sin numero de desequilibrios físicos, psíquicos y emocionales poseen una clarísima componente nutricional, que responden muy bien a la administración de complementos vitamínicos, minerales, enzimáticos, etc. ...

¿Porque están tan extendidas y tan arraigadas estas manifestaciones y cuadros patológicos en general? Nuestra forma de vida actual, a pesar de todos los indudables avances y conocimientos, nos están alejando cada vez un poco más de nuestras verdaderas necesidades,  de nuestra esencia y naturaleza humana.

En nuestro empeño y afán constante por avanzar y adaptarnos a tantas exigencias, preocupaciones y objetivos como nos planteamos, estamos acallando e ignorando a nuestra conciencia, nuestro corazón, y a nuestra innata sabiduría interior, como una forma de proseguir nuestra loca carrera hacia ningún sitio, aún sabiendo en el fondo de nosotros que no estamos haciendo lo mejor. Reorientar nuestro rumbo, un tanto perdido, seria una de las mayores urgencias y necesidades, sino queremos trasformarnos en auténticos desconocidos para el mundo y para nosotros mismos.

Recuperar nuestro poder interior es una tarea esencial para poder ejercer de capitanes y timonéles en este amplio navegar que es la vida. Dejar de delegar nuestras responsabilidades en otros, atribuir a las circunstancias o a la supuesta mala suerte nuestras dificultades, nos ahorrara mucho dolor y sufrimiento inútil, dejando de percibirnos como víctimas a merced del infortunio y la cambiante y caprichosa actitud de otros. No podemos -es cierto- controlar los pormenores o avatares de la naturaleza o la conducta y comportamiento de los demás, pero si podemos elegir el modo en que actuamos y reaccionamos… y cuando lo hagamos sabia, intuitiva e inteligentemente, podremos ahorrarnos dosis añadidas de malestar, en cualquiera de sus manifestaciones: enfados, ira, o resentimientos, que además de destructivos, no añaden, precisamente, salud, paz, ni alegría a nuestra vida. De todas las situaciones y cosas, que llegan a nosotros, solo debemos extraer las mejores enseñanzas para aplicarlas en lo sucesivo, constructivamente, y no seguir regocijándonos en la impotencia una y otra vez.

Estas lecciones y preciosas enseñanzas, debemos transformarlas en poder creador que nos eleve por encima de los obstáculos, además de ayudarnos a comprender los complejos mecanismos que se esconden tras los comportamientos y conductas distorsionadoras: compulsiones, neurosis, miedos, complejos, inseguridades… en suma, cuyos orígenes pueden remontarse quizás a nuestra infancia, en la que precozmente se nos “enseñó” a ejercer de verdugos o víctimas, al haberse visto minada nuestra confianza y valor personal, por la mas o menos ignorancia inconsciente de quienes nos rodeaban; se afianzaron así nuestros miedos, y la percepción imperiosa de convertir la vida en una lucha y combate permanente, contra todo y contra todos.  En este entorno es donde se comienzan a generar las condiciones que mas tarde influirán y determinaran en gran medida nuestra vida y nuestra salud.

Nunca será, por tanto, suficiente al amor y dedicación que entreguemos a nuestros hijos y a los niños en general, para formar seres humanos equilibrados, llenos de ejemplos y de valores humanos, en lugar de empeñarnos en crear robots eficientes, obedientes y productivos, para entregarlos a la voracidad de depredadores sin escrúpulos.

De ahí la importancia que para disfrutar de una vida verdaderamente satisfactoria y feliz, hasta donde podamos, nos dediquemos a alimentar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu, con los mejores ingredientes: Amor, conciencia, paz, sabiduría, y serenidad, es un coctel mágico, milagroso, para encontrarnos con el sentido y el propósito de nuestra existencia.

Concedemos en general poco valor a lo determinante que pueden ser nuestras actitudes y conductas a la hora de configurar los caminos y modelos que guían y orientan nuestra vida, saber y sostener la convicción profunda en nosotros de que cualesquiera que sean las circunstancias en la que nos encontremos, debemos de mantener una actitud confiada y esperanzadora, sustentada en la fe y en la certeza de que la vida y el universo cooperan y trabajan al unísono con nosotros, cuando transitamos por la senda del bien, y los objetivos y anhelos que nos trazamos responden a nuestras verdaderas necesidades y a las del mundo en su conjunto. Cuando se quiebra la confianza en nosotros mismos, y en la sabiduría e inteligencia que anima e impregna todo, comienza el declive y la zozobra en nuestro caminar.

Vamos a hacer referencia a algunos de los aspectos esenciales para que el bienestar y la salud en todos sus ámbitos, para que puedan ser y constituirse en nuestros mejores aliados y amigos. Tendemos a considerar que la salud es sencillamente la ausencia de cualquier manifestación de dolor o malestar; sin embargo, un estado de plena salud comprende mucho más que esto: es aquel en el que se funden y equilibran distintos aspectos y factores que hacen posible a lo largo de nuestros días, un nivel mas o menos regular de aceptación y satisfacción en los distintos planos de nuestra vida. Hay salud donde la alegría, la comprensión y la bondad no son episodios excepcionales…

Allí donde las relaciones constructivas y la apertura a los demás están presentes, y nos ocupamos (y no tanto preocupamos) de alimentarnos y nutrirnos razonablemente, y evitamos en lo posible ambientes, lugares, cosas y personas que nos trasladen un alto grado de perturbación… Y por encima de todo, rodear nuestra vida de amor, un amor que se extiende mucho más allá de las esfera de los físico: amor a la vida, a los demás, y a nosotros mismos.

Los malos hábitos, como fumar y  beber en exceso, no hacer ningún tipo de ejercicio, despreocuparnos de lo que comemos, estar continuamente enfadados y resentidos (con los demás, con la vida y con nosotros mismos) nos predispone a la enfermedad y nos aleja de la alegría.

La indiferencia, la inconsciencia y la ignorancia, son un mal triunvirato que nos avoca inexorablemente a una vida mediocre, cuanto menos; muchos de los hábitos que nacen de y en ellas, tienen su origen en una absoluta carencia de gratitud para con la vida y con nosotros mismos. Lo que explicaría muchas conductas autodestructivas, difíciles en muchos casos de comprender desde un punto de vista racional y consciente; además, están otros muchos factores de tipo medioambiental que escapan en parte a nuestro control; si bien es cierto que en mayor o menor medida también podemos influir positivamente sobre ellos: residuos y aditivos químicos de todo tipo, contenidos en el aire, en las aguas y alimentos que comemos asiduamente.

Mención especial merece el papel esencial que juega la nutrición en el mantenimiento, preservación, y recuperación de nuestra salud. La nutrición es la gran asignatura pendiente en el ámbito de la medicina; siendo como es, tan crucial como la fisiología, la anatomía, bioquímica o la farmacología, no se le presta la adecuada importancia que tiene en cualquier abordaje terapéutico común, a pesar de las abundantes y sólidas evidencias que demuestran su capacidad indudable de favorecer, estimular y recuperar la salud. Todos los elementos que forman parte de nuestro metabolismo, deben de estar presentes en un nivel óptimo y equilibrado, y en muchos casos deben incluso aportarse en cantidades muy superiores a las consideradas como normales: crecimiento, lactancia, embarazo, enfermedades, vejez... para que nuestro organismo pueda mantener y recuperar su plena funcionalidad.

Un ejemplo muy común al que nos enfrentamos actualmente es el estrés  (o para mayor precisión, distrés), la agitación, las exigencias, las preocupaciones constantes a que sometemos a nuestro organismo en estas circunstancias, conllevan la disminución o agotamiento parcial de algunas vitaminas o minerales esenciales para nuestro organismo,  y adquiere una dimensión de verdadero circulo vicioso: disminuye la concentración, los reflejos, aumenta el nerviosismo, el insomnio, el mal humor, el cansancio, haciendo mella en nosotros, y esto puede dar lugar a la aparición de alteraciones digestivas, circulatorias, cardiovasculares, psicológicas, como consecuencia de la escasez o déficit de vitaminas del grupo B (magnesio, potasio, calcio...) Pero en muchas ocasiones en lugar de contemplar esta acuciante demanda de nuestro organismo, recurrimos a enmascarar los síntomas con algún fármaco, con lo que agravamos y prolongamos, aún más, si cabe, la situación.

Las vitaminas, minerales y otros nutrientes esenciales no solo requieren de un aporte mínimo para prevenir, como se sabe, la posible instauración de determinadas enfermedades, sino que existen circunstancias concretas en las que se deben hacer un aporte complementario extraordinario, si queremos revertir cuadros patológicos y recuperar un aceptable nivel de equilibrio en nuestro organismo.

Tendríamos que saber que los fármacos, siendo necesarios e imprescindibles en situaciones especificas, crisis o manifestaciones agudas, son agentes bloqueadores de determinados procesos y funciones metabólicas, por lo que su utilidad solo esta justificada cuando la enfermedad se ha manifestado e instalado en el organismo; los fármacos pueden crear problemas si hacemos un uso injustificado, excesivo y continuado de ellos. Deberíamos conocer también que, en muchas ocasiones, aunque los mecanismos de acción sean abiertamente diferentes, los fármacos y los nutrientes pueden actuar mutua y beneficiosamente unidos, (sinérgicamente), además de posibilitar en muchos casos la disminución sustancial de la dosis del fármaco, y disminuir así además sus efectos secundarios.

Siempre que sea posible será mejor propiciar y permitir que el cuerpo se autorregule y se cure por si mismo. Antes de aceptar como inevitable la administración de algún medicamento, tendríamos que considerar posibles alternativas naturales, seguras y en no pocos casos, igual o más efectivas que los propios fármacos. ¿Por qué entonces subsisten tantos recelos, escepticismo y prejuicios a la hora de incluir en los tratamientos sustancias equilibradoras y afines al organismo, y sin efecto secundario alguno? Lamentablemente, en las facultades de farmacia y medicina se siguen sosteniendo, en la actualidad, que los fármacos son el único abordaje terapéutico; se ha olvidado sin duda, la gran farmacia de la naturaleza…

Las tesis predominantes, acerca de las enfermedades, ponen especial empeño en los agentes externos (virus, bacterias, toxinas), como principales desencadenantes de enfermedades, pero se olvida con frecuencia, que es el sistema inmunológico quien tiene la última palabra; el propio Pasteur, en el lecho de su muerte, reconoció claramente “que la bacteria no es nada, el terreno lo es todo”. Si nuestro sistema inmunológico esta bien constituido, podrá con certeza enfrentar y neutralizar los “ataques” e intentos de manipulación y proliferación de los diversos agentes que pretendan enmascararse y/o producir transformaciones o mutaciones celulares de cualquier tipo; si por el contrario, carecen en mayor o menor medida de alguno o  varios elementos esenciales para mantener su permanente eficaz y compleja acción defensiva, nuestro organismo sucumbirá al poder de algunos de esos elementos que no siempre, como se creen, proceden del exterior, sino que están ya, en muchos casos, dentro de nosotros, y conviven en relativa armonía con los mas beneficiosos.

Muchas personas a pesar de la abundante información y de los conocimientos actuales, confunden una adecuada nutrición con abundancia; sin embargo, es mucho más importante la calidad que la cantidad; comer no debería nunca significar llenar simplemente el estómago, aunque esto sea una necesidad y responda a un mecanismo lógico y automático. Alimentarse debe ser especialmente algo gratificante y placentero, indudablemente, pero no existe contradicción ni incompatibilidad alguna entre el disfrute y una adecuada y equilibrada alimentación; ¿cómo?, cambiando gradual y voluntariamente algunos hábitos que no nos reportan ningún beneficio, e ir introduciendo otros, que además de beneficiosos, incrementaran aún más si cabe el momento placentero y sublime de la comida.

Tendríamos que procurar que los alimentos que ingerimos provengan preferentemente de cultivos ecológicos (doblemente beneficiosos para nosotros y para la tierra que habitamos), evitaremos así la ingestión de numerosos aditivos y componentes químicos utilizados en la agricultura intensiva; que por una parte contaminan, agotan y desertizan la tierra, y por otra, tienen un impacto muy negativo sobre nuestra salud en general. Esos residuos y aditivos que podemos pensar que no tienen mucha importancia se acumulan a lo largo del tiempo en nuestro organismo, con efectos devastadores en nuestra salud… y en la salud de la propia tierra. Cada día existen mayores evidencias de su perniciosa acción sobre los organismos vivos y probablemente están detrás de no pocas enfermedades de las conocidas comúnmente como autoinmunes, degenerativas y crónicas, (cáncer, alergias, esclerosis, alzheimer…). Algunos de estos componentes químicos tan extendidos actualmente, actúan como disruptores, es decir, alteran el equilibrio de las hormonas, las enzimas y las células para poder realizar funciones vitales.

En necesario recuperar nuestro poder interior, y la capacidad de elegir y decidir en coherencia con nuestra conciencia y convicciones, para hacer de nuestra vida un camino de auténtica evolución y crecimiento como seres humanos. Quizás tengamos para ello que abandonar esa falsa percepción que nos condiciona, aprisiona y desorienta, de aparente seguridad y comodidad, en la que a veces estamos instalados, y en las que derrochamos gran parte de nuestra energía, para abrirnos mucho mas a esa vertiente menos racional y lógica, pero mas impregnada de verdadera sabiduría; escuchar los mensajes que cada día nuestro corazón nos traslada, provenientes de las esferas mas profundas de nuestro espíritu y nuestra alma; dejar de ser meros espectadores de este gran show en que algunos quieren transformar la vida; reafirmar nuestra confianza en que un tiempo y una conciencia nueva están emergiendo imparables para que transitemos hacia un mundo mas humano, en el que el amor no resulte sospechoso, y los abrazos se expresen sin vergüenza.

Millones de corazones a lo largo y ancho del mundo han movilizado el inmenso poder del amor, y no renuncian a hacer de la vida un camino auténtico rebosante de plenitud, sentido, propósito y alegría; dejar de percibirnos como algo accidental, caprichoso y gratuito, y saber que vivimos y provenimos de un hecho sabio, consciente, amoroso… Que nuestra condición esencial es transformar nuestra existencia en algo festivo, alegre y trascendente, por lo que tenemos que expresar cada día una gratitud infinita y renovada.

Nuestro mayor capital y tesoro están dentro de nosotros, no deberíamos de olvidarlo nunca. Además,  no está sujeto a los vaivenes de mercado alguno.

Saber que la mayor necesidad y urgencia es siempre amar… amar aquello que hacemos, amar a quienes nos rodean, amarnos ¡como no!, a nosotros mismos, e imbuirnos de confianza, de fe y de entusiasmo… Creer por encima de todo que cualquier proyecto y camino por utópico que pueda parecernos, es posible, si dejamos de pensar que es imposible…Vivir con autenticidad y plenitud.


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